Pongo por título de esta crónica el mero enunciado de la carrera porque he estado un rato dándole vueltas y no se me ha ocurrido nada que llegue a describir como las emociones, los dolores y la adrenalina estuvieron brotando, sin freno, durante dos horas y diez minutos de la mañana del pasado 26 de Octubre.
Salimos Jaime y yo el sábado por la tarde de Getafe con la mochila, los sacos, un taper con el desayuno y las ganas a punto nieve. Se notó como ya vamos prosperando y esta vez pasamos de la tienda expuesta a la riada en las laderas del Ocejón al suelo de la casa de un colega. De ahí a una pensión solo media un patrocinador.
A la mañana siguiente, fuimos de los primeros en recoger el dorsal. Eso nos permitió tener tiempo para ponernos más nerviosos de la cuenta, visitar compulsivamente el retrete y encontrarnos con Antonio, uno de la Puerta (de Segura, sí señor) que se había levantado a las cuatro de la mañana para presentarse allí y cumplir con unos amigos que le habían invitado. Tengo que reconocer aquí que, si los serranos tenemos fama de tíos duros y cabezones, éste se lleva su parte y la de muchos que llevan encogido de hombros desde que hicieron la comuniónLo digo porque el amigo Antonio, Guardia Civil retirado, desde que empezó a correr en serio hace 4 años, creo que ya ha hecho dos Maratones (aparte de incontables medias y carreras populares) y ahora tiene la ilusión del triatlon entre ceja y ceja que le hace trasponer a Albacete (90 kms) dos días en semana para disfrutar de la piscina cubierta más próxima a su casa. Lo que, si no tiene mérito, tiene muchos cojones.
Volviendo a la carrera. Se salía ya cara arriba, sin anestesia, y uno
que salió a machete puso lo que faltaba para formar al pelotón en fila india Yo me animé y salí detrás de los primeros, atrevimiento que pagué cuando llegó la primera cuesta que me obligó a andar: corredores me pasaban por uno y otro lado mientras, el corazón desbocado, me preguntaba si era yo que andaba hacia atrás o los de cabeza se alejaban sin remordimientos. Me costó un buen rato mentalizarme de que la cosa iba para largo y que más valía ir con cabeza si quería afrontar con garantías el resto de carrera. Estabilicé mi puesto y me tragué un puñado de kilómetros de solateras sin ver a nadie más que a los voluntarios que había en cada cruce. Sube, baja, vuelve a subir, tropieza, salta, escalones, manos a las rodillas...¿por qué kilómetro vamos?, ¿falta mucho para el avituallamiento?, ¿me saca mucho el de alante?...sube, baja, vuelve a subir, resbalón, salta, escalones, manos al suelo...
Y así hasta que en una árida y desarbolada subida noté como se me acercaba
el de atrás y, apretando apretando enlazamos con los dos de alante, empezando el descenso en grupo de 4. Vamos a media ladera por un sendero que baja en zigzag , muy muy estrecho, con hierba mojada y bastante patio a mano derecha...el que va primero resbala y se va contra una retama... decido no echarle cuentas a la situación,refugiarme en el grupo y mirar por donde piso...hasta que el camino se pierde y ya estamos bajando a saltos entre los riscos, como si el suelo fuera a desaparecer de un momento a otro...anda, mira, una cuerda! Ni siquiera me da tiempo a cogerla así que cuando la verticalidad amenaza hostión tengo que echar el culo al suelo y me dejo caer hasta el nivel de la calle.
Que subidon, tú, por estas cosas me gusta más la montaña que el asfalto. Sin mucho tiempo para digerirlo ya estamos metidos en la subida más larga, que encima pasa por meta a falta de 6 kms y es mentalmente el obstáculo más duro, apenas se puede correr y no parece terminarse nunca. Y, cómo no podría ser de otra forma, después de la subida más dura, la bajada matadora: entre pinos, sin sendero con muchos tramos de hierba alta y con el terreno más irregular del mundo...me atacan todos los dolores, se me pinza toda la pierna, me pinchan los riñones, el tobillo se me dobla varias veces...maldigo y suspiro mientras me esfuerzo en destacarme del grupo, cosa que consigo a medias cuando llego al llano con el que luego sería el primer veterano.
Un trago de agua y otra vez a subir. El veterano me ofrece paso y le digo que voy reventado, que es mi primera carrera y se me hace muy dura. Dudo que pueda volver a correr, sin embargo en los poquísimos metros de llaneo hago de tripas corazón y le saco unos metros que al final consigo estirar para afrontar el ultimo tramo de escaleras en solitario. Sólo en los últimos metros me pasa el que antes se había caído contra la retama que va mucho mejor que yo. Le ánimo y le dejo ir. Quedan 200 metros y sólo me apetece dejarme llevar hasta la meta. Llego 6º, a segundos del 5º y a 3 mins del tercero.
Después de saludar a los rivales compañeros, esperar a Jaime, comentar la carrera, felicitar al ganador (que buena gente "ese tal" Mario Llorens), la ducha, tratar de reconocerme en el rostro desencajado del espejo trato de digerirlo todo junto a un bocata de lomo de orza y mahonesa:
Le tenía muchas ganas a esta carrera. Tantas que durante el mes anterior cualquier rato perdido frente al ordenador lo pasé buscando cualquier tipo de referencia que me permitiera hacerme una idea de lo que me iba a encontrar. Tras dar con no muchas intervenciones en foros, alguna foto del recorrido del año anterior y el mapa y el perfil que facilitaba la organización mi conclusión era clara: que era lo que en mi pueblo llamamos dura de la ostia, que iba a sufrir como un perro con tos y que determinaría si de verdad valgo para esto de corretear entre los riscos o es sólo una tontería pasajera (así de categóricos somos los de mi pueblo).
Salimos Jaime y yo el sábado por la tarde de Getafe con la mochila, los sacos, un taper con el desayuno y las ganas a punto nieve. Se notó como ya vamos prosperando y esta vez pasamos de la tienda expuesta a la riada en las laderas del Ocejón al suelo de la casa de un colega. De ahí a una pensión solo media un patrocinador.
A la mañana siguiente, fuimos de los primeros en recoger el dorsal. Eso nos permitió tener tiempo para ponernos más nerviosos de la cuenta, visitar compulsivamente el retrete y encontrarnos con Antonio, uno de la Puerta (de Segura, sí señor) que se había levantado a las cuatro de la mañana para presentarse allí y cumplir con unos amigos que le habían invitado. Tengo que reconocer aquí que, si los serranos tenemos fama de tíos duros y cabezones, éste se lleva su parte y la de muchos que llevan encogido de hombros desde que hicieron la comuniónLo digo porque el amigo Antonio, Guardia Civil retirado, desde que empezó a correr en serio hace 4 años, creo que ya ha hecho dos Maratones (aparte de incontables medias y carreras populares) y ahora tiene la ilusión del triatlon entre ceja y ceja que le hace trasponer a Albacete (90 kms) dos días en semana para disfrutar de la piscina cubierta más próxima a su casa. Lo que, si no tiene mérito, tiene muchos cojones.
Volviendo a la carrera. Se salía ya cara arriba, sin anestesia, y uno
que salió a machete puso lo que faltaba para formar al pelotón en fila india Yo me animé y salí detrás de los primeros, atrevimiento que pagué cuando llegó la primera cuesta que me obligó a andar: corredores me pasaban por uno y otro lado mientras, el corazón desbocado, me preguntaba si era yo que andaba hacia atrás o los de cabeza se alejaban sin remordimientos. Me costó un buen rato mentalizarme de que la cosa iba para largo y que más valía ir con cabeza si quería afrontar con garantías el resto de carrera. Estabilicé mi puesto y me tragué un puñado de kilómetros de solateras sin ver a nadie más que a los voluntarios que había en cada cruce. Sube, baja, vuelve a subir, tropieza, salta, escalones, manos a las rodillas...¿por qué kilómetro vamos?, ¿falta mucho para el avituallamiento?, ¿me saca mucho el de alante?...sube, baja, vuelve a subir, resbalón, salta, escalones, manos al suelo...Y así hasta que en una árida y desarbolada subida noté como se me acercaba
el de atrás y, apretando apretando enlazamos con los dos de alante, empezando el descenso en grupo de 4. Vamos a media ladera por un sendero que baja en zigzag , muy muy estrecho, con hierba mojada y bastante patio a mano derecha...el que va primero resbala y se va contra una retama... decido no echarle cuentas a la situación,refugiarme en el grupo y mirar por donde piso...hasta que el camino se pierde y ya estamos bajando a saltos entre los riscos, como si el suelo fuera a desaparecer de un momento a otro...anda, mira, una cuerda! Ni siquiera me da tiempo a cogerla así que cuando la verticalidad amenaza hostión tengo que echar el culo al suelo y me dejo caer hasta el nivel de la calle.
Que subidon, tú, por estas cosas me gusta más la montaña que el asfalto. Sin mucho tiempo para digerirlo ya estamos metidos en la subida más larga, que encima pasa por meta a falta de 6 kms y es mentalmente el obstáculo más duro, apenas se puede correr y no parece terminarse nunca. Y, cómo no podría ser de otra forma, después de la subida más dura, la bajada matadora: entre pinos, sin sendero con muchos tramos de hierba alta y con el terreno más irregular del mundo...me atacan todos los dolores, se me pinza toda la pierna, me pinchan los riñones, el tobillo se me dobla varias veces...maldigo y suspiro mientras me esfuerzo en destacarme del grupo, cosa que consigo a medias cuando llego al llano con el que luego sería el primer veterano.Un trago de agua y otra vez a subir. El veterano me ofrece paso y le digo que voy reventado, que es mi primera carrera y se me hace muy dura. Dudo que pueda volver a correr, sin embargo en los poquísimos metros de llaneo hago de tripas corazón y le saco unos metros que al final consigo estirar para afrontar el ultimo tramo de escaleras en solitario. Sólo en los últimos metros me pasa el que antes se había caído contra la retama que va mucho mejor que yo. Le ánimo y le dejo ir. Quedan 200 metros y sólo me apetece dejarme llevar hasta la meta. Llego 6º, a segundos del 5º y a 3 mins del tercero.
Después de saludar a los rivales compañeros, esperar a Jaime, comentar la carrera, felicitar al ganador (que buena gente "ese tal" Mario Llorens), la ducha, tratar de reconocerme en el rostro desencajado del espejo trato de digerirlo todo junto a un bocata de lomo de orza y mahonesa:
Sufrí y gocé a partes iguales, lo que para estas cabezas destornilladas que a gala portamos acaba significando gozar doblemente. Fuí un chupacharcos por no ser capaz de aguantar con el 5º hasta meta pero qué se le va a hacer, en mi vida había llegado a tal punto de sufrimiento y aun así parece que lo aguanté bien. Soy un manta subiendo y no tanto bajando: me quedan muchas subidas largas por hacer. Y, que ostias, como me gustan las carreras de montaña.
Está sonando: La Ventana de la SER
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