Rescato esto que escribí en unas hojas de apuntes que voy a tirar porque ya he aprobado. Qué malo es esto de estudiar obligado.

Hay días que uno se levanta, mira al Sur y reconoce entre España y África algo más que frontera, algo más que vacío, que rocas, que sal, peces o estelas en la mar.
Efectivamente, hay tierra: la plaza de un pueblo a donde arriban rehatas de saberes y culturas que paran, se contemplan, se mezclan o cuando menos se tocan de refilón mientras los que allí viven (que no sólo habitan) las observan con esmero y sosegada paciencia.
Gozan estos nativos de un ojo que no es clínico pero que tampoco falla. Curtido en la amargura, adiestrado en alzar la lucha de entre el desánimo, ha visto lo suficiente para desgranar lo que vale de los pesares y decantar, de todo lo malo, el sedimento de su felicidad.

Esos días, sin poderlo remediar, suenan dentro de tu cabeza una y otra vez:





Que viva Andalucía libre.

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