Inauguramos con este los entrenamientos más específicos por terreno técnico de montaña que me van a permitir afrontar con mayor garantías las -por el momento- pocas incursiones que haga en las carreras de montaña.
Así pues, con la vista puesta en la Carrera por Montaña de Cuenca del próximo 26 de Octubre, mi compañero Jaime me propuso marchar ayer hasta el puerto de Navacerrada a hacer algo que nos fuera enchufando. El plan consistiría en subir a los Siete Picos por el camino Schmidt para retornar al aparcamiento por la piedra de la Ventolera y, si nos quedaban fuerzas llegar hasta la Bola del mundo.
Siete Picos

Bola del Mundo
La ruta, con el GoogleEarth ha quedado más o menos así:

Las sensaciones físicas, raras; las emocionales, increíbles. Hacía mucho tiempo que no me metía un entrenamiento así de chulo y, joder, cómo lo venía necesitando. Correr camino Schmidt alante sin miramiento alguno para con el crono, doblarme sobre mi eje en la subida a Siete Picos y dejar toda mi fuerza en cada uno de los bloques de piedra que asemejan una escalera hasta el cielo, hasta la gloria de recuperar el aliento en la cumbre y saberse por encima la gran urbe que se pudre en el llano, asombrarse con las formas caprichosas de los riscos que parecen las construcciones del hijo de un gigante... Lanzarse ladera abajo concentrado en poner en danza todas y cada una de las fibras de mi cuerpo para que funcione como una máquina perfecta y las piedras que se levantan en el lugar más insospechado se achanten y apenas puedan rozar mi zapatilla. Al llegar abajo, el regusto amargo de que se podía haber hecho más rápido y la certeza de que así será la próxima vez.
Con las cuestas del sábado y el rodaje largo del domingo (larguísimo se me va a hacer) completaremos la primera semana de entrenamientos, la de toma de contacto. En un par más empiezan los crosses universitarios y ahí habrá que estar para ganarse el puesto en el Campeonato de España y de paso coger la chispa necesaria para rendir a buen nivel en las citas decisivas.
Bola del Mundo
La ruta, con el GoogleEarth ha quedado más o menos así:

Las sensaciones físicas, raras; las emocionales, increíbles. Hacía mucho tiempo que no me metía un entrenamiento así de chulo y, joder, cómo lo venía necesitando. Correr camino Schmidt alante sin miramiento alguno para con el crono, doblarme sobre mi eje en la subida a Siete Picos y dejar toda mi fuerza en cada uno de los bloques de piedra que asemejan una escalera hasta el cielo, hasta la gloria de recuperar el aliento en la cumbre y saberse por encima la gran urbe que se pudre en el llano, asombrarse con las formas caprichosas de los riscos que parecen las construcciones del hijo de un gigante... Lanzarse ladera abajo concentrado en poner en danza todas y cada una de las fibras de mi cuerpo para que funcione como una máquina perfecta y las piedras que se levantan en el lugar más insospechado se achanten y apenas puedan rozar mi zapatilla. Al llegar abajo, el regusto amargo de que se podía haber hecho más rápido y la certeza de que así será la próxima vez.
Con las cuestas del sábado y el rodaje largo del domingo (larguísimo se me va a hacer) completaremos la primera semana de entrenamientos, la de toma de contacto. En un par más empiezan los crosses universitarios y ahí habrá que estar para ganarse el puesto en el Campeonato de España y de paso coger la chispa necesaria para rendir a buen nivel en las citas decisivas.
Está sonando: A desalambrar, de Azero
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